Cuando empecé, pensaba que enseñar Pilates consistía en conocer muchos ejercicios.
Con el tiempo descubrí que no era eso.
Aprender ejercicios fue importante.
Estudiar anatomía fue importante.
Comprender la biomecánica, el control motor, la comunicación o la evaluación también transformó mi forma de trabajar.
Pero hubo un cambio que marcó un antes y un después, mucho más que cualquier curso que haya hecho.
Dejé de mirar únicamente los ejercicios y empecé a mirar a las personas.
Hoy, cuando observo a un alumno moverse, mi primera pregunta ya no es: «¿Qué ejercicio viene ahora?«
Es otra.
¿Cómo está organizando ese movimiento?
¿Qué estrategias está utilizando?
¿Qué intenta resolver ese cuerpo?
¿Y qué necesita experimentar para encontrar una solución diferente?
Quizá por eso, cuantos más años llevo enseñando, menos creo en las recetas.
Cada cuerpo cuenta una historia.
Cada movimiento ofrece información.
Y cada sesión es una oportunidad para observar, comprender y volver a decidir.
Esa forma de mirar transformó mi manera de enseñar.
Y es precisamente la que quiero compartir aquí.
Este no será un espacio para acumular ejercicios.
Ni para hablar de movimientos perfectos.
Será un espacio para aprender a observar.
A pensar.
A formular mejores preguntas.
Porque, para mí, enseñar Pilates nunca ha consistido únicamente en enseñar ejercicios.
Siempre ha consistido en ayudar a las personas a comprender mejor su movimiento y a moverse con más sentido en su vida cotidiana.
Si esta manera de entender el movimiento también conecta contigo, bienvenido/bienvenida.